El caballo salado

Este es Tomás recogiendo la sal

Este es Tomás recogiendo la sal

Érase una vez una familia que vivía en un pequeño pueblecito rodeado de montañas y riachuelos. Se llamaba Pirsal. El padre, que se llamaba Tomás, todos los días después de comer se iba a dar una vuelta por el bosque.

Un día, caminando llegó hasta un riachuelo por el que todos los días pasaba. Se agachó para refrescarse y al mojarse la cara notó el sabor a sal. Se sorprendió mucho, siguió riachuelo arriba hasta donde nacía y allí vio que la cueva que veía todos los días se había derrumbado y por todos los lados había tocitos blancos que brillaban. Se acercó y recogió unos cuantos y se fue hacia su casa para enseñárselos a su familia.

Su mujer al verlos también se sorprendió y se llevó uno a la boca ¡Qué salado estaba!

Tomás dijo: ¡creo que he encontrado una mina de sal!

Él y su mujer corriendo volvieron al bosque a observar y a recoger la sal. Después de llenar un par de bolsas fueron a avisar a los demás habitantes del pueblo para que así entre todos recogiesen la sal.  Quedaron de acuerdo y se organizaron para después de recogerla, ir por los demás pueblos vendiéndola.

Poco a poco entre todos fueron formando un gran negocio en el que estaban muy contentos, hasta que llegó a oídos de un señor muy importante que la sal que se recogía en ese pueblo era muy beneficiosa para la salud.

Las huellas del caballo

Las huellas del caballo

Un día cuando fueron a recoger la sal se dieron cuenta de que alguien había estado antes porque había unas pisadas por todos los sitios y no había tanta sal como los demás días. Después de investigar de quien podía ser esas pisadas todos creyeron que eran de caballos (porque les encanta la sal) Uno de los habitantes que tenía mucho genio dijo:

¡Yo me encargaré de averiguar de quienes son estos animales y se los llevaré a su dueño para que no vuelvan más por aquí!

Se quedó allí a pasar la noche y cuando casi estaba dormido oyó unas pisadas, se despertó rápidamente y lo agarró, era un caballo del pueblo de al lado.

A la mañana siguiente fue a llevárselo a su dueño y este muy agradecido le pidió disculpas y le compró un saco de sal para poder dárselo a su caballo en casa.

Ya no se volvió a acercar ningún animal por allí y los habitantes del pueblo siguieron vendiendo sal felices.

10 comentarios

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    • irati el 7 diciembre, 2014 , a las 13:33
    • Responder

    Me ha gustado tu cuento, qué suerte que se encontraron a un caballo salado.

    Un saludo, Irati.

    • Rubén el 9 diciembre, 2014 , a las 12:00
    • Responder

    Me ha parecido muy bonito e interesante tu cuento, pero qué suerte que hayan encontrado un caballo salado.
    Me la pasé genial haciendo el cuento, espero que tú también.

    Un abrazo de Rubén

    • Alba el 9 diciembre, 2014 , a las 15:06
    • Responder

    ¡Qué bonito es tu cuento! La idea que tuvieron de quedarse un señor para averiguar de quien eran esas huellas misteriosas, fue muy buena. Yo tampoco sabría de quién serían esas huellas, porque son muy difíciles de averiguar. Los dibujos están muy bonitos, se nota el arte que tienes ….

    Un saludo de Alba

    • Carla el 10 diciembre, 2014 , a las 15:24
    • Responder

    Me ha encantado tu cuento. Las huellas están muy bien dibujadas igual que el otro dibujo. Tomás es igual que yo, le gusta andar por el monte. Qué majo fue Tomás de no quedarse todo él y avisarle a los del pueblo para que cogieran sal.

    Saludos,

    Carla.

    • Ion el 10 diciembre, 2014 , a las 17:21
    • Responder

    Marta, este cuento es muy bonito. Yo no sé cómo se escapó el caballo de aquel hombre. Qué suerte de que encontraran a un caballo salado.

    Un saludo, Ion.

    • Edurne el 10 diciembre, 2014 , a las 21:06
    • Responder

    Tu cuento es muy interesante y bonito. Qué suerte que le consiguieran coger al caballo y qué majo tenia que ser el hombre que se quiso quedar toda la noche para saber quien pasaba.Tomás tuvo muy buena idea en lo de decírselo a todo el pueblo y formar un gran equipo.

    Un saludo, Edurne.

    • Ainara el 10 diciembre, 2014 , a las 21:19
    • Responder

    Creo que has hecho un cuento bastante bonito, y además has mezclado cosas reales, como que a los caballos les encanta la sal y de esa forma queda muy chulo.
    Yo creo que a los padres, madres y niños que lo lean les va a gustar.

    • Aintzane el 10 diciembre, 2014 , a las 22:00
    • Responder

    Qué cuento más bonito, menos mal que consiguieron cazar al caballo y llevárselo a su dueño, y qué majo el señor que les compr una bolsa de sal´. Me alegro de que el negocio les fuera bien.

    Saludos.

    • gonzalo el 10 diciembre, 2014 , a las 22:11
    • Responder

    El cuento es muy bonito, yo también me asombraría si bebiera agua y estaría salada. Me imagino que el dueño de el caballo se dubo de dejar una puerta abierta.

    Un saludo, Gonzalo

  1. Lo de Pirsal te lo has inventado y un final un poco triste porque ningún animal se acercó a su casa.
    Saludos, Unai

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