El duende salero

La reina con el saco de sal

La reina con el saco de sal

Había una vez un hombre que vivía en una isla muy lejana que era desconocida llamada Mininilandia. Vivía con sus 2 hijos de 3 y 5 años y con su mujer en una casa muy grande y muy bonita. No eran ricos pero tenían mucho dinero ya que el padre poseía una empresa en la que vendían sal.

El padre tenía contratadas a muchas personas. Unos recogían la sal, otros la limpiaban, otros la empaquetaban y otros la transportaban. Todo esto lo hacían en un pequeño pueblo cercano al que vivían ellos que también estaba en la isla. Allá tenían la empresa y al lado estaban las salinas que tenían agua del mar que rodeaba toda la isla. En la empresa también había oficinas con gente que se encargaba de apuntar los pedidos y dárselos a Luis (el padre). Este era el encargado de que todo fuese como tenía que ir y que en la sal no se quedase ni un solo mosquito sin quitar.

A la hora de transportar la sal al lugar donde la habían encargado, la tenían que llevar en barco, entonces esta familia aprovechaba para irse de vacaciones en el “barco de la sal” que era un gran barco pero con las comodidades de un yate y solían invitar a amigos y familiares.

Una vez, cuando estaban de vacaciones transportando la sal, surgió otro pedido muy importante. Era un pedido urgente de la reina de aquella isla (era muy caprichosa y autoritaria) y si no lo llevaban para esa misma tarde les iba a dejar sin empresa y se quedarían pobres, sin dinero. El encargado avisó a Luis de lo ocurrido y al momento se empezó a mover un saco de sal. El encargado, nervioso por ver lo que era, revolvió la sal y de repente se encontró con un duende mágico en el interior del saco. El duende era bajo, delgado y bastante majo. Le dijo al encargado que se llamaba “Salero”, ya que hacía magia solo con cosas que tenían que ver con la sal.

Se comprometió a ayudarles a llevar la sal a la reina con sus poderes mágicos, pero a cambio le tenían que dar la mitad de la sal que sacaran ese día. 

La familia de Luis en la casa del duende

La familia de Luis en la casa del duende

El duende dijo estas palabras mágicas en alto agarrando el saco de sal que era para la reina:- «Un, dos, tres ¡al castillo!». En ese momento el duende desapareció junto con el saco de sal. Llamó a la oficina del encargado y le contó que ya había llegado. Aún eran las 4 de la tarde, y la reina no les pudo quitar nada. A cambio, a la reina también le dio algo de sal gratis, para que no fuese tan autoritaria y tan caprichosa.

La familia de Luis se quedó muy agradecida de Salero y le dieron la sal que le habían prometido.

Salero les contó que no tenía casa y ellos por el gran favor que les hizo le construyeron una pequeña casa al lado de la suya. La casa era de la altura de la cintura de Luis, porque como el duende era pequeño no le hacía falta una casa más grande. A partir de ese día se hicieron muy amigos y todos los días quedaban para ir a algún sitio.

12 comentarios

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    • Alba el 10 diciembre, 2014 , a las 15:18
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    ¡¡Qué divertido es tu cuento!! A mí me gustan mucho los duendes. Me parece muy bien que la familia le haga una casa a su amigo el duende «Salero». A mí la gente que es muy caprichosa y chantajista no me gusta, como la reina que les dijo a la familia, que si no le traían sal les quitaba la empresa.

    Un saludo, Alba

    • Carla el 10 diciembre, 2014 , a las 15:55
    • Responder

    Qué majo fue Salero, se mereció ese premio, en vez de la sal quería una casa. La reina era muy mandona. Qué suerte tuvo Luis de tener al duende mágico metido dentro de un saco.

    Saludos,

    Carla

    • Daniel el 10 diciembre, 2014 , a las 20:14
    • Responder

    Pero mira que era caprichosa ¿eh?… Pero al final todo acabó bien.

    Un saludo,
    Daniel

    • Rubén el 10 diciembre, 2014 , a las 20:52
    • Responder

    Me ha parecido muy bonito tu cuento. Luis tuvo mucha suerte en encontrar a ese duende salero que estaba metido dentro de un saco.

    Un abrazo de Rubén

    • Aintzane el 10 diciembre, 2014 , a las 22:18
    • Responder

    Qué cuento más divertido, menos mal que Salero les ayudó y le llevó la sal a la reina y me alegro de que la reina no les pudo quitar las salinas ni la empresa.

    Saludos.

    • Marta el 10 diciembre, 2014 , a las 22:43
    • Responder

    Gracias a Salero pudieron seguir con ese negocio de sal.
    ¡Qué suerte tenia la familia de Luis! Porque cada vez que había que transportar la sal a algún lugar y había que ir en barco aprovechaban para pasar las vacaciones.
    Te has inventado una historia muy divertida.

    Un saludo, Marta

    • Marta el 10 diciembre, 2014 , a las 22:56
    • Responder

    ¡¡Salero fue un buen ayudante en este caso para esta familia!! Gracias a Salero pudieron seguir con el negocio de sal. ¡¡Qué suerte tenia la familia de Luis!! cada vez que tenían que ir en barco a llevar un pedido lejos aprovechaban para ir ellos de vacaciones.

    Un saludo, Marta

    • Ion el 11 diciembre, 2014 , a las 20:46
    • Responder

    Ainara, este cuento es muy bonito y también muy interesante. Gracias a Salero pudieron seguir con el negocio de la sal. Sí que era caprichosa la reina. Oye, las palabras mágicas eran muy bonitas.

    Un saludo de Ion.

    • Edurne el 11 diciembre, 2014 , a las 22:10
    • Responder

    Tu cuento es muy interesante y bonito. Mogollón de cuentos qué yo he leído son de duendes. Me gusta mucho el nombre «Salero». Más vale que gracias a Salero pudieron llegar a tiempo al castillo, porque si no pobres trabajadores, se quedarían pobres.

    Un saludo, Edurne.

    • Irati el 12 diciembre, 2014 , a las 12:09
    • Responder

    Me ha encantado tu cuento y los dibujos etán super bonitos.

    Un saludo, Irati.

  1. Qué guay ¿no?irte de viaje de negocios con tu mujer y el duende.
    Un saludo, Unai

    • gonzalo el 14 diciembre, 2014 , a las 14:59
    • Responder

    Más vale que se encontraron con ese duende. Yo si me hubiera hecho ese favor también le hubiera hecho ese favor.

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