Mendukiloko lezeak

A la entrada de la cueva de Mendukilo

El segundo día en Astitz fuimos a las cuevas de Mendukilo. Nos enseñaron un mapa para ir de Astitz hasta la cueva.Teníamos que ir por un camino y luego tomar la carretera. Llegamos a una especie de casa. Ahí nos explicó una chica llamada Raquel un poco de la cueva, para que nos hiciéramos una idea. Raquel nos contó una historia en la que su abuelo y ella fueron  a las cuevas y le enseñó las tres salas y sus nombres. Después de hacernos una idea de la cueva, subimos una cuestecita. Raquel se adelantó un poco para encender las luces de la cueva. Llegamos a la entrada. Yo me dije a mi misma:
-¡Pero qué entrada tan grande comparada con una persona!
Ya dentro, pensé:
-¿Qué me ha caído en la cabeza? ¡Claro, eran las gotas del techo! Nos paramos un poco y nos dijo Raquel:
– Como os he dicho, había  tres salas: La primera sala, la de el pastor (Artzainzulo), la segunda, la de la lamía (laminosin) y la última, la morada del dragón (Herensugearen gotorlekua). Bueno, pues ahora estamos en la primera, en la del pastor. Algunos dijeron:
-¡Pero qué grande!
Bajamos unas escaleras y ya estábamos en la segunda sala, la galería de los lagos, la de la lamía (laminosin). ¡Qué lagos tan preciosos! Raquel nos preguntó si oíamos alguna canción. Y yo sí oí, las gotas hacían como una canción.
Después hicimos un recorrido enorme, y mientras caminábamos vimos algunos murciélagos. Llegamos a la sala del dragón. Yo pregunté:
-¿Dónde está la piedra del dragón? ¡Por fin la encontré! ¡Qué gigante!
Luego, recorrimos el mismo camino y vimos unos bichitos blancos y muy pequeños llamados troglobios, no tienen ojos pero sí unas antenas que les hacen ver.
Subimos ciento ocho escaleras y salimos de nuevo a la luz.

Alba

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